En el caminito que desde nuestra casa nos lleva al micro hay un canal de agua al abierto. No se sabe a ciencia cierta por qué está ahí, quizás para recoger el agua de las lluvias, para llevar agua de otros sitios o si está ahí por casualidad. Sea como sea, ahí está. El agua es más bien sucia, crecen malas hierbas de todo tipo, el otro día alguien eligió ese sitio para tirar un buen montón de zapatillas y alguna vez podemos ver algún niño que pesca, esperamos sólo por diversión. Incluso hace un tiempo vimos a nuestra joven vecina bañar con esa agua a su hijo pequeño.
De todos modos el pensamiento para compartir es otro.
Hace algunos días, por la mañana, mientras íbamos a agarrar el micro, echando una ojeada al canal lo hemos descubierto lleno de flores amarillas y violetas, crecidas al improviso durante la noche, o quizás finalmente se habían hecho ver por encima de las malas hierbas.
“De los diamantes no nace nada, del estiércol nacen las flores” (esta frase no es nuestra, pertenece a una hermosa canción sobre la prostitución de Fabrizio De Andrè, un famoso cantautor italiano)
Los primeros día aquí notamos como algunos niños del Recreo cerca de la parada del micro vagaban con el cepillo de la escoba en mano (es decir con la escoba sin el mango).
Días después hemos descubierto el misterio: apenas el micro se para los niños aprovechan para intentar quitar algunos kilos de polvo de los pequeños autobuses a cambio de algún pesito.
Sería mejor si no tuvieran necesidad de hacerlo, pero son preciosos cuando corren sonriendo hacía el micro y con esmero hacen su trabajo para después contar las monedas y comprarse un chupa-chups en la ventita.
Entre las cosas que nos hemos olvidado de contar sobre nuestro medio de transporte preferido hay una que siempre emociona a Cecilia. Cuando el micro va lleno lleno y sube alguna mamá con su niño o niña y no tiene sitio donde sentarse, la madre pasa su pequeño a cualquier otra mujer sentada, y cuando es la hora de bajar lo retoma. Normalmente la criatura no se lamenta, está tranquila en los brazos de una desconocida, mirando a su madre.
Hace unos días estuvimos en el bautizo de Honey, hija de Ana Silvia, voluntaria del centro. Éramos pocos, pero guapos, todos cercanos ¡en primera fila! Un docena de personas, entre ellas la bautizada, una niña de unos diez años y dos jóvenes “barrigas”. Edad media decididamente baja. Este país está lleno de niños y “barrigas”.
Ceci y Dani, Dani e Ceci
————————————————————————————————————————————————–
Sulla stradina che da casa nostra porta al micro c’è un canale. Non si sa bene perchè è lì, se per raccogliere l’acqua piovana, se è un canale di scolo o se è lì per caso. Comunque c’è. L’acqua è sporchiccia, crescono erbacce di tutti i tipi, l’altro giorno qualcuno ha scelto quel luogo per buttarci un bel po’ di paia di scarpe e qualche volta ci sono bimbi che pescano, speriamo solo per divertimento. Qualche tempo fa abbiamo visto la nostra giovane vicina lavare il suo bimbo piccolo con quell’acqua.
Comunque il pensiero da condividere è un altro.
Qualche mattina fa, mentre andavamo a prendere il micro, dando un’occhiata al canale l’abbiamo scoperto pieno di fiori gialli e viola, spuntati improvvisamente in una notte, o forse finalmente si erano fatti visibili sbucando dalle erbacce.
“Dai diamanti non nasce niente, dal letame nascono i fiori”.
I primi giorni abbiamo notato qualche bambino del Recreo che vicino al capolinea del micro gironzolava con la spazzola della scopa (cioè con la scopa senza il manico).
Abbiamo dopo un po’ scoperto il mistero: appena un micro si ferma i bimbi approffittano per cercare di togliere qualche chilo di polvere dai piccoli autobus per farsi dare un pesito.
Sarebbe meglio non avessero il bisogno di farlo, ma sono belli quando corrono sorridenti verso il micro e tutti impegnati svolgono il loro lavoro e poi contano le monetine e si prendono un chupa-chups nella ventita (negozietto).
Tra le cose che ci siamo dimenticati di raccontare del nostro mezzo di trasporto preferito ce n’è una che sempre emoziona la Ceci. Quando il micro è pieno pieno e sale qualche mamma con un bimbo o bimba e non ha posto per sedersi, la mamma passa il suo piccolo a qualche donna seduta, e quando è l’ora di scendere se lo riprende. Normalmente la creatura non si lamenta, sta tranquilla tra le braccia di una sconosciuta, guardando la sua mamma.
Qualche giorno fa siamo stati al battesimo di Honey, figlia di Ana Silvia, volontaria nel centro. Eravamo pochi, ma belli, tutti vicini, in “prima fila”! Una dozzina di persone, tra cui la battezzata, una bimba sui dieci anni e due giovani pance. Età media decisamente bassa. Questo paese è pieno di bimbi e di pance.
Ceci e Dani, Dani y Ceci
“Questo paese è pieno di bimbi e di pance”
be’, adeguatevi, no?
un saluto a entrambi e 1 bacio alla Ce’
Ste
No me extraña Cecilia que te emocione ese gesto. Aquí nos volvemos uraños y desconfiados. Los niños nos enternecen pero hasta los niños se van volviendo groseros y maleducados.¡Claro! ¡Los padres somos los que tenmos que dar de algún modo ejemplo! Ayer estuvimos en la Plaza Mayor de Madrid tomando un genuino bocadillo de calamares y paseando con él en la mano mientras mirábamos las muchas figuras humanas que en este tiempo, aguantando el frío, permanenen en extrema quietud para que les echemos unos eurillos según les contemplamos. ¡Son magníficos1. Siempre me han encantado. Un niñato de 7 años quiso hacerse el graciosillo con una de estas figuras pasandole sus dedos por encima de la cara a modo de burla incitándole al movimiento.La madre permanecía impasible, mientra a Miguel Angel, tu hermano, le dieron ganas de lanzarle un bofetón, eso sí, tal vez se lo merecía la mamita. Un abrazo rande a los dos.