(Para tranquilizar parientes y amigos: no pasamos hambre)
Para adentraros un poco más en nuestro cotidiano y en el cotidiano de este país hablaremos de la comida, elemento cultural interesante y curioso.
Ya nos hemos encariñado a la cocina de Norma, casera y cocinera del centro de día. Las raciones son gigantescas, sacian el hambre diaria de los chicos y si tuvieran un valor retroactivo saciarían también el hambre que pasan o pasaban en la calle. La mayor parte de los chicos come con voracidad… ¡es bien cierto que el hambre es la mejor cocinera!
Con frecuencia nos preguntan que por qué l@s voluntari@s comemos poco, ¡a nosotros nos parece tener el plato lleno!
Ya conocemos todos los platos de Norma, por ello nos alegramos cuando cocina pollo “broasted” (frito y rebozado en una mezcla de mil ingredientes, harina, mostaza, ajo…) y en nuestra cabeza decimos: “noooooo” cuando prepara panza. Afortunadamente conoce nuestros gustos y cuando hay panza normalmente hace también sopa de maní, ¡riquísima sopa de cacahuete!
En OIKIA se come mucho y bien, a la hora de comer hay siempre primero y segundo, una sopa con diferentes ingredientes cada día, desde el plátano verde a la quínoa o los fideos, y un plato de arroz con complemente, la mayoría de las veces carne. El arroz, como en muchos países del sur, es omnipresente, blanco, casi insípido, pero llena la barriga y viene a ser como el pan para nosotros.
Entre los mejores platos de Norma habría que incluir el pique macho, carne de ternera a pedazos con una especie de chorizo-salchicha, frecuentemente servido con patatas fritas, la milanesa o milaneza, filete empanado a la boliviana, y el saicé, estofado de carne picada con patatas.
Muchas veces Norma o los mismos chicos preparan ají, una salsa picante hecha con locoto (pimentón muy picante de aquí) y tomate rallado, estupenda para aliñar.
Es una comida que desentona con el calor y la humedad aplastantes de la ciudad ¡Pero que da energías para trabajar!
En los mercados del plan hay cientos de puestos ambulantes y no donde comer algo, sobre todo especies de pinchos morunos, empanadas y otros. A cualquier hora hay alguien que come y no es extraño encontrar a las siete de la mañana cuando salimos de casa algún micrero con un plato de arroz y carne. El aceite es usado y rehusado (en el Abastos se puede comprar), comparando Mc Donald’s es casi sano, los coches y los micros pasan a pocos metros, y si algo cae entre el polvo y el barro se recoge, se “limpia” y se devuelve a su lugar original. La higiene deja mucho que desear y un estomago europeo es mejor que se mantenga lejos de esta comida, pero Cecilia alguna vez piensa: “que bueno olor, que comida tan tentadora” y cada mañana pasando por la Rotonda dice que un día no resistirá y comprará algo.
Una tarde, acompañados por una familia boliviana, amigos de amigos italianos, fuimos al río Piraí. Todos los fines de semana los pahuchi (cabañas con el techo de paja) de la zona se llenan de personas que cocinan especialidades cruceñas y bolivianas, de gente que come y bandas musicales tradicionales. Hemos disfrutado con la buena compañía y la estupenda comida, como el sonso, queso y yuca cocinados en un ficho al fuego, cuñapé, pequeño pan relleno de queso, tamales, empanadas de harina con carne de ternera especiada y envueltos en hoja de maíz y masaco, carne seca o queso con yuca, plátano verde o plátano maduro.
En el centro de la ciudad, sin embargo, se puede encontrar de todo, Santa Cruz es famosa por su cocina internacional, siendo punto de encuentro de tantas etnias. A veces nos regalamos una comida o cena “diferentes, y regeneradoras, es extraño y desestabilizante, a veces, alejarse del Plan, entrar en algún local casi europeo, que te sirvan la comida y disfrutarla tranquilos…
Entre nuestros sitios preferidos, que incluiremos en nuestra guía cuando seamos escritor y escritora de viajes, están la Bodeguita de Cuba, lleno de pintadas en las paredes, escritas por quien pasó a comer o beber, y la Casona, restaurante de un alemán donde se encuentra de todo, especialmente buena la crema de calabaza al vino blanco… y mejor comerla en el patio interno con el fresco de las plantas. No hacemos de menos otros sitios, como el argentino donde sirven mega filetes o la pizzería Capri, donde Cecilia entró escéptica y salió satisfecha (¿será la distancia?).
Cuando tenemos una mañana libre y queremos cuidarnos un poco nos comemos una salteña, algo parecido a una empanada lleno de carne de pollo o ternera con verduras, se come fría o caliente y por todos lados chorrea un delicioso jugo, se usa como almuerzo a mitad de mañana, pero para nosotros es más bien la comida.
Siendo un país tropical, Bolivia produce fruta exquisita, como mangas (mango), palta (aguacate), achachairú, una especie de cítrico del que Dani se ha convertido en dependiente, y otros mil tipos de fruta con los nombres y formas más extrañas. Tenemos en mente el proyecto de plantar en el Recreo árboles de fruta, para hacer sombra y sobre todo para que los chicos dejen de tirar piedras a árbol de mango de la carpintería junto al centro.
Magníficos son los jugos, zumos de fruta, que se pueden beber mezclados con leche, buenísimos los de gualele o guineo, tipos de plátano, el segundo más pequeño y dulce. Zumos naturales de naranja, refrescos, bebidas de todo tipo, se venden por todas partes. Si el micro se para en medio al tráfico es posible comprarlos al vuelo por la ventanilla, esperando que no arranque veloz, más que nada por no hacer correr a la vendedora que quiere ser pagada…
Típica también es la chicha, bebida de maíz fermentado, hay alcohólica y sin, todavía sin experimentar por nuestros estómagos e hígados.
Todavía nos quedan por probar comidas extrañas, sin contar el filete de llama (¡buenísimo!). La llama no es de estas zonas, más bien del altiplano con un clima más adaptado a la lana que las recubre, aunque si, en la locura de este país, hace algunos días vimos pasear un hombre con su llama en las calles del plan… casi como pasear una foca en las calles de nuestras ciudades…
Esperamos comer la cola de caimán cuando vayamos al Pantanal, por sugerírosla o no…
Ceci e Dani, Dani y Ceci
———————————————————————————————————-
(per tranquilizzare parenti e amici: non patiamo la fame)
Per farvi addentrare un po’di più nel nostro quotidiano e nel quotidiano di questo paese eccoci a parlare di cibo, elemento culturale interessante e curioso.
Siamo già affezionati alla cucina di Norma, casera (custode) e cuoca del centro di giorno. Le sue porzioni sono gigantesche, saziano la fame quotidiana dei ragazzi e se avessero valore retroattivo sazierebbero anche quella provata in strada. La maggiorparte dei ragazzi mangia con voracità…è proprio vero che “la fame è una brava cuoca”!
Spesso ci chiedono perchè noi volontari/e mangiamo così poco, mentre a noi sembra di avere il piatto pieno!
Ormai conosciamo tutti i piatti di Norma, ci rallegriamo quando cucina il pollo alla broasted (pollo fritto ricoperto con una pastella fatta di mille ingredienti, farina, senape, aglio…) e nella nostra mente diciamo: “noooooooooooooo” quando prepara la panza. Fortunatamente, conosce i gusti di noi volontari/e europei e quando c’è la panza prepara spesso anche la sopa de maní, buonissima minestra di arachidi!
In OIKIA si mangia tanto e bene, il pranzo ha sempre un primo e un secondo, una minestra, con ingredienti diversi ogni giorno, dal platano (banana grande e verde), alla quinoa ai fideos (spaghetti) e un piatto di riso con complemento, il più delle volte con carne. Il riso, come in molti paesi del sud del mondo, è onnipresente, bianco, quasi insipido, ma riempie la pancia ed è un po’ come il pane da noi.
Tra i piatti migliori di Norma mettiamo il piquemacho, pezzetti di carne di manzo con una specie di wurstel, spesso servito con patatine fritte, la milanesa o milaneza (cotoletta alla boliviana), il saicé, stufato di carne trita con patate.
Spesso Norma o i ragazzi fanno l’aji, salsa piccante fatta col locoto (peperoncino superpiccante di qui) e pomodoro, buonissima per condire.
È una cucina che stona con il clima afoso della città, ma che dà energia per il lavoro!
Nei mercati del Plan ci sono centinaia di posti ambulanti e non dove mangiare qualcosa, soprattutto spiedini di carne, empanadas e varie altre cose. A qualsiasi ora c’è qualcuno che mangia e non è strano vedere quando usciamo di casa alle sette del mattino qualche micrero con un piatto di riso con carne. L’olio è usato e riusatissimo (al mercato dell’Abasto si può comprare), Mc Donald’s a confronto è sano, auto e micro passano a pochi metri, e se qualcosa cade tra polvere e fanghiglia si alza e dopo averlo sommariamente “pulito” si rimette al suo posto. L’igiene lascia a desiderare e uno stomaco europeo è meglio stia lontano da questa cucina, ma Cecilia ogni tanto pensa: “Che buon profumo, che cibo ispirevole” e ogni mattina passando dalla Rotonda dice che un giorno non resisterà e si comprerà qualcosa.
Un pomeriggio, accompagnati da una famiglia boliviana, amici di amici italiani, siamo stati al Rio Piraí, il fiume. Tutti i week end i pahuichi (capanne dal tetto di paglia) della zona si riempiono di persone che cucinano specialità cruceñas e boliviane, di gente che mangia e bande di musica tradizionale. Ci siamo goduti una buona compagnia e cibi buonissimi, come il sonso, formaggio e yuca cucinato in uno spiedo sul fuoco, cuñapé, paninetto ripieno di formaggio, tamales, fagottini di farina ripieni di carne di manzo speziata con verdure e avvolti in una foglia di mais e il masaco, carne essicata o formaggio con yuca, platano verde o platano maturo.
Nel centro della città invece si trova di tutto, Santa Cruz è famosa per la sua cucina internazionale, essendo città dalle tante etnie. A volte ci concediamo un pranzo o una cena “diversa”, ed è rigenerante, e così strano e destabilizzante a volte, allontanarsi dal Plan, entrare in qualche locale quasi europeo, farsi servire e mangiare tranquilli…
Tra i nostri posti preferiti, che metteremo nella nostra guida quando diventeremo scrittore e scrittrice di viaggi, ci sono la Bodeguita de Cuba, piena di scritte sui muri, lasciate da chi è passato a mangiare o bere qualcosa e La Casona, ristorante gestito da un tedesco dove si trova di tutto, buonissima la zuppa di zucca con vino bianco…e stupendo mangiarla nel cortile interno col fresco delle piante. Non disdegnamo altri posti, come un ristorante argentino dove servono mega bistecche o la pizzeria Capri, dove Cecilia entrò scettica, e uscì soddisfatta (sarà la lontananza?).
Quando abbiamo una mattina libera e vogliamo farci un regalo ci prendiamo una salteña, fagottino ripieno di pollo o carne di manzo con verdure, si mangia calda o fredda e da tutte le parti cola un sughino delizioso, si usa come spuntino di metà mattina, ma per noi più spesso è il pranzo.
Essendo paese tropicale, la Bolivia produce frutta squisita, come manghi, paltas (avocado), achachairù, piccola sorta di agrume di cui Dani è diventato dipendente e mille altri tipi di frutta dai nomi e dalle forme più strane. Abbiamo in progetto di piantare qui nel Recreo alberi da frutta, per far ombra, e soprattutto per far sì che i ragazzi smettano di tirare pietre al mango della falegnameria che sta di fianco al nostro centro!
Stupendi sono i jugos, succhi di frutta, che si possono bere anche frullati col latte, buonissimi quelli di gualeles e guineos, tipi di banane, la seconda più piccola e dolce. Succhi di arance naturali, refrescos, bibite di ogni tipo, sono vendute ovunque. Se il micro è fermo nel traffico puoi riuscire a comprarle al volo, sperando che non riparta veloce, soprattutto per non far correre la venditrice che aspetta di essere pagata…
Tipica è anche la chicha, bibita di mais fermentato, si può trovare alcholica o meno, non ancora sperimentata dai nostri stomaci e fegati.
Cibi molto strani ancora non ne abbiamo mangiati, a parte la bistecca di lama (buonissima!!!). Il lama però non è di queste zone, piuttosto dell’altiplano che ha un clima più adatto alla lana che lo ricopre, anche se, nella follia di questo paese abbiamo visto qualche giorno fa un uomo che passeggiava un lama proprio in una delle strade del Plan…quasi come passeggiare una foca nelle nostre città…
Aspettiamo di mangiare la coda di coccodrillo quando andremo al Pantanal, per suggerirvela o meno…
Ceci e Dani, Dani y Ceci
uellallà!
ciao ceci golosa!
dani tranquillo, ho ricevuto l’indirizzo e cercherò di spedirvi il fumetto al più presto, spero di non metterci i miei soliti secoli ad avvicinarmi ad una posta.
un bacio grande!
ottimo e profumato resoconto !
… qui siamo in zona panettone,
ma oggi katia ha fatto ottimissimi pizzoccheri…
dagli arabi abbiamo densi succhi di manga, inarrivabili
ma niente rispetto alla manga caduta dall’albero
l’avogado (palta ?) è ottimo con il caffè
sia mettendo il caffè al posto del nocciolo, con + o – zucchero a scelta, sia con pezzi del frutto nel bicchiere,
oppure frullando l’insieme.
e le ‘vitamine’ (jugos in brasile) (latte e frutta frullate) ??….
Dura la vita del volontario !!!
Grazie x le preziose notizie gastrike…